Reflexión Pastoral: 3ª Parte
Reflexiones sobre el ministerio de Menno Simons.
by Tony BrunPrint Article Email to a Friend
La opción por los que sufren y por los pobres
Introducción
Siendo apenas un joven estudiante de teología en un seminario menonita y haciendo “obra práctica” entre los pobres, me surgió esta sospecha: ¿hay una opción por los pobres en la pastoral de Menno Simons? Durante aquellos años escribí varias notas siguiendo esta sospecha. Algunas de aquellas ideas ven la luz en este artículo.

“Todas las grandes cosas suceden en las crisis” dijo el filosofo Platón. Esto también es verdad en la vida de Menno Simons. Era un pastor devoto, estudioso de las Escrituras y con reconocimiento sacerdotal en su parroquia. Sin embargo, un profundo vacío espiritual conmovía su ministerio. ¿Qué le faltaba?
I. La re-conversión de Meno Simons
Primero, Menno conocía las búsquedas religiosas del pueblo. Como ya vimos, él mismo estaba en esa búsqueda espiritual. Sin embargo, aun se mantenía apegado a “la ambición y el afán de conseguir un gran nombre”. En realidad su fama había crecido, y era ya un notable “predicador evangélico”. Pero juntamente con su mundanal fama, crecía su insatisfacción espiritual. ¿Qué le faltaba? Era estudioso de la Biblia y perseverante en la oración personal.
Segundo, Menno estaba enterado de las noticias en su parroquia. Como ya vimos, su búsqueda espiritual no le apartaba de conocer la situación de su pueblo. Convulsiones sociales y religiosas sucedían todos los días en su pueblo. En su corazón latía una profunda una vocación pastoral. Sin embargo, su fe aun era más un asentimiento intelectual pero no una vida comprometida. ¿Qué más le faltaba? Ministraba en su propio pueblo natal, “era un profeta en su tierra”. Gozaba de reconocimiento público para rebatir a algunos fanáticos anabautistas: “Después hizo su aparición la secta de Munster por la cual en nuestra vecindad muchos piadosos corazones fueron engañados…Se divulgo el rumor de que yo podía silenciar fácilmente a esas personas…Conversé dos veces con sus dirigentes, en público y en privado ... Mi alma estaba turbada, aunque eran muy fervientes en su fe pero ignorantes en sus doctrinas ...”
No fueron discusiones doctrinales o nuevos descubrimientos bíblicos los que llevaron a Menno Simons a un radical proceso de conversión de su vida y ministerio. Más bien, fue el testimonio del sufrimiento inocente y la injusta muerte de los pobres lo que le conmovió.
Sucedió en abril de 1535 cuando unos trescientos anabautistas “celosos en su fe, ignorantes en su doctrina, pobres fieles extraviados, errantes como ovejas sin pastor adecuado, después de muchos edictos, persecuciones y muertes por estrangulamiento y espada” , fueron ejecutados en el Monasterio Viejo. Allí se habían refugiado de la persecución. Entre los muertos se encontraba Pedro Simons (probablemente hermano de Menno). Esta tragedia, más que ninguna otra cosa, conmovió radicalmente a Menno Simons. El conflicto de su alma desbordó. Sus palabras son conmovedoras: “Después cuando llegaron a mi conocimiento tales noticias, el pensamiento de la sangre de esta gente, aunque extraviada, me tocó tan profundamente el corazón que no pude resistirlo, ni hallar descanso para mi alma. Me puse a meditar en mi vida impura, carnal e hipócrita y en la idolatría que venía practicando todos los días. Veía yo que esas fervientes criaturas, que aunque equivocadas, gozosamente daban sus vidas y sus posesiones por su doctrina y su fe ... Me dije: Yo hombre miserable, ¿qué estoy haciendo? Mi corazón temblaba dentro de mí. Rogué a Dios con lamentos y lágrimas que me diera a mí, triste pecador, el don de su gracia ...”
Es verdad que había en él una sensibilidad que fue moldeándose con su vida devocional. Pero definitivamente fue aquella experiencia de encuentro con los pobres y su sufrimiento inocente lo que convirtió radicalmente a Menno Simons. Durante nueve meses predicó públicamente “el arrepentimiento que lleva al camino angosto” y advirtiendo sobre los errores de los lideres que llevaron a la masacre de aquellos pobres: “También advertí contra las abominaciones de Munster, condenando rey, reino, poligamia, espada, etc”.
Finalmente, sin presiones externas pero con convicciones internas dice Menno “renuncié a toda mi reputación, nombre y fama, y me sometí decididamente a la escasez y a la pobreza bajo la pesada cruz de Cristo”
Cuando todavía queda un mínimo de sensibilidad, el dolor nos despierta. El sufrimiento de los pobres que desesperados se envolvían en las revueltas sociales y religiosas, despertó a Menno Simons. Ya no fue el mismo. Abandonó su oficio sacerdotal y desapareció de la mirada pública. Fue una especie de retiro que duró casi un año y le llevó a conocerse mejor. Menno se refiere a ese tiempo recordando la misericordia divina:”…me tuvo en cuenta, movió dentro de mi corazón el principio de la fe, creo una nueva mentalidad ... me ensenó a conocerme a mi mismo ...”
Fue durante ese tiempo y mientras se ejercitaba espiritualmente en la meditación bíblica, que unas pocas personas se le aproximaron asumir la pastoral entre un grupo de pobres perseguidos. “ ... me rogaron que hiciera mía la preocupación por los grandes sufrimientos y necesidades de aquellas pobres almas oprimidas ... me urgieron que hiciera buen uso de los talentos que había recibido del Señor” Luego de mucha oración, búsqueda de consenso y esperar confirmación divina – según el acostumbrado proceder prudente de Menno – decidió asumir la peligrosa opción pastoral por los que sufren y por los pobres. Se trató realmente de una pastoral con exiliados, pequeño rebaño de campesinos perseguidos por todas partes. Pasó de la seguridad de su parroquia católica, al peligro de los caminos abiertos. Fue acechado por las autoridades, se puso precio a su cabeza, llevó una vida de exilio predicando, visitando hermanos campesinos desparramados, bautizando, escribiendo, enseñando y esforzándose por fundar iglesias pacifistas. El movimiento anabautista enfáticamente pacifista bajo el liderazgo de Menno Simons creció muy pronto y nueve años después de su conversión, ya eran llamados de “menonitas”.
II. Preguntas a nuestro ministerio pastoral
Menno Simons era un devoto lector de las Escrituras y afamado predicador de su parroquia. Pero se sentía insatisfecho en su ministerio pastoral. ¿Esta es también tu experiencia como ministro? ¿De qué manera la experiencia de Menno Simons podría traer luz a tu ministerio pastoral?
Menno Simons era piadoso en su fe y constante en su oración. Pero su conciencia le incomodaba por una existencia segura pero sin objetivos, afamada pero banal. ¿Esta es también tu experiencia como líder? ¿De qué manera la experiencia de Menno Simons podría traer nueva luz a tu vida espiritual?
Creo que reflexionando en la experiencia de conversión de Menno Simons encontramos inspiración para los cambios que sentimos y sabemos tenemos que realizar en nuestra vida y ministerio. ¿Qué nos hace falta? Sensibilidad y atención.
Menno Simons era de naturaleza sensible. Por eso le conmovió profundamente el sufrimiento y la muerte inocente de los “pobres errantes”. El dolor de los inocentes, le despertó. Transformó su ministerio asumiendo y encontrando en el servicio a los pobres, la razón de ser de su ministerio. ¿El servicio a los que sufren y a los pobres es fundamental en tu ministerio?
Menno Simons era de naturaleza atenta. En momentos de meditación bíblica y espiritual interrogaba su corazón. En esos momentos Dios le enseñó a conocerse a sí mismo. ¿Cuánto te conoces a ti mismo?
Tony Brun es parte del equipo de la oficina de Educación Pastoral y de Liderazgo Hispano en la Agencia de Educación Menonita.
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Additional Notes
Tony Brun es parte del equipo de la oficina de Educación Pastoral y de Liderazgo Hispano en la Agencia de Educación Menonita.
Ver Reflexiones anteriores (No.1 y 2)
Estep, William. Revolucionarios del siglo XVI. Historia de los anabautistas (Casa Bautista de Publicaciones, Argentina 1975) p.116
“El mundo me amaba y yo amaba el mundo”, escribía Menno. (Revolucionarios del siglo XVI… p.115)
Yoder, J.H. Textos escogidos de la Reforma Radical (La Aurora, Buenos Aires 1976) p. 349
Williams, George H. La Reforma Radical (FCE, Mexico 1983) p. 426
Yoder, J.H. Op cit 350 (Tambien G.H.Williams pag. 427 y W.R. Estep pag. 117)
Ibid, 350
Ibid, 351
Ibid, 351
Muchos Padres de la Iglesia decían: “Quien se conoce a sí mismo, conoce a Dios”. Coincidentemente, Menno Simons era asiduo lector de algunos Padres de la Iglesia.
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