Reflexión Pastoral - 9ª Parte
Reflexiones sobre el ministerio de Menno Simons.
by Tony BrunPrint Article Email to a Friend
Cuando el discípulo está pronto, el maestro aparece
Menno Simons siempre se preocupó por impulsar su misión también por escrito. Su teología era más volcada a la pastoral que a la sistematización. Su pensamiento teológico abunda en referencias bíblicas, y sobre todo, surgía de la práctica. Eran las necesidades, las preguntas y los problemas de las iglesias y de la sociedad lo que motivaba su reflexión teológica. Como hemos dicho, más que teólogo sistemático, Menno Simons era un pastor movido por un ardiente deseo de obediencia, servicio y amor a Dios. Pero su ministerio pastoral no estaba exento de errores, como ya vimos. Sus desaciertos, dudas y limitaciones eran provocadas no solamente por las circunstancias externas sino que provenían también de su debilidad humana - a la que tantas veces se refiere – y de sus decisiones equivocadas buscando la obediencia más fiel, la verdad más verdadera. Hemos de reconocer esto si queremos mantener abierta y sana nuestra tradición menonita. Pues como dice Anthony Giddens “el fundamentalismo es la tradición acorralada”.
En todo caso - debemos recordarlo – hasta la muerte cometeremos errores, pero gracias a ellos si sabemos reconocerlos, podremos aproximarnos a la verdad.
El título de esta parte corresponde a un antiguo dicho. Sugiere que lo más importante no es el maestro sino el discípulo. ¿Qué es ser discípulo de Cristo? ¿Qué es ser cristiano? En los escritos de Menno Simons podemos encontrar algunos rasgos de lo que él llamaba “verdadera cristiandad”. Por supuesto esto no agota todo lo que debería significar ser discípulo de Cristo o cristiano. Tan sólo expresa el punto de vista de Menno, y aunque coincida con nuestro punto de vista, es nada más - por así decirlo - que “la vista de un punto”.
El activo ministerio pastoral de Menno Simons consistía en prácticas que también pastores y pastoras, lideres eclesiales y de conferencias anabautistas y menonitas de la actualidad continúan realizando. En lo exterior, dando testimonio y celebrando la fe, predicando el evangelio y bautizando nuevos creyentes, apoyando el surgimiento y crecimiento de nuevas iglesias, dialogando por soluciones fraternales en y entre las iglesias, profetizando contra las injusticias del mundo y actuando política y pacíficamente. En lo interior, cultivando la devoción y fe personal, reflexionando en el estudio de las Escrituras, conociéndose a sí mismo en las fortalezas y las debilidades, sintiendo y asumiendo las incomprensiones hasta cuestionándose a sí mismo ante el propio y familiar sacrificio que exige la vida pastoral.1
El testimonio de vida y ministerio pastoral de Menno Simons no está lejos de nosotros. Nuestro ministerio pastoral y de nuestras preguntas e inquietudes pueden encontrar en Menno Simons respuestas, o al menos algunas pistas a seguir. Algunas de las preguntas frecuentes que muchos pastores y pastoras se formulan son: ¿qué es un cristiano? ¿Cómo formar discípulos? ¿Quién es un discípulo de Cristo según la tradición menonita?
De los escritos pastorales de Menno Simons podemos inferir unas notas o rasgos respecto a la “verdadera cristiandad”. Es decir, ¿qué es un cristiano? ¿Quién es un discípulo?
Obviamente que esta inferencia significa una selección. Optamos y comentamos determinadas características señaladas por Menno porque las consideramos todavía pertinentes. Escogemos unas características -y no otras – y asumimos que esta selección ya es en sí misma una interpretación. Por eso, comentaremos estas características que nos parecen oportunas para nuestros días.
1. Acción divina en la humanidad y reacción humana a la divinidad: un estado de gracia
Para Menno Simons el proceso de salvación se inicia, por la acción divina y bondadosa mediante Jesucristo. El ser humano es salvado por la gracia divina y no por mérito o logro propio. Ni siquiera la fe en sí misma es un acto meritorio.
“No, lector amado, no creemos que la fe tenga valor por sí misma, de ninguna manera, sino que el beneplácito de Dios ha unido Su promesa a la verdadera y genuina fe por medio de la palabra. La fe no salva por sus propios méritos sino por la promesa que trae aparejada…Aquellos que confían en sus obras o ceremonias para obtener la salvación, niegan la gracia y méritos de Cristo…Oh no, es gracia y será gracia por toda la eternidad lo que el misericordioso Padre ha hecho por nosotros…”2
“Es gracia y será gracia” dice Menno Simons. Se trata de la experiencia de la gratuidad o del amor de Dios. Como decía el teólogo peruano Gustavo Gutiérrez, “Dios nos ama no porque seamos buenos, sino porque Él es bueno”.3
Una vez afirmado esto de varias maneras, Menno Simons se apresura a afirmar también que el ser humano tampoco se salva sin esfuerzo propio. No es una contradicción, sino una paradoja teológica. Es decir, la afirmación de dos verdades que parecen opuestas, y que sin embargo son complementarias.
“Dios no busca palabras y apariencias sino poder y obras. ¿Creéis que es suficiente conocer a Cristo de acuerdo a la carne? ¿O solamente decir que creéis en Él, que sois bautizados y Cristianos y que sois comprados por la sangre y muerte de Cristo? Ah no!... La verdadera fe evangélica es de una naturaleza que no puede permanecer inactiva o vana; siempre manifiesta su poder... Los verdaderos creyentes muestran en sus vidas y acciones que creen, que son nacidos de Dios y guiados espiritualmente”.4
Es necesario mantener esta saludable tensión entre la iniciativa de la gracia divina y la respuesta de las obras de bondad humanas.5 Finalmente ambas son acciones movidas y promovidas por el Espíritu de Dios. Por lo tanto, no cabe la jactancia ni siquiera la verbalización de oraciones divorciadas de las acciones de justicia. “No bastará con decirme ¡Señor, Señor! ni hablar en mi nombre sino hacer la voluntad de mi Padre” (Mateo 7:21s). Como bien dice Menno Simons: “Dios no busca palabras…”
El Evangelio revela que la voluntad del Padre se caracteriza por llevar buenas nuevas a los pobres (Lucas 4:18s); anunciar la bienaventurada felicidad a los simples, mansos, humildes, misericordiosos, y sufridos por causa de su bondad y justicia (Mateo 5:3ss); y amar bien a Dios, al prójimo –aun al enemigo - y a uno mismo (Lucas 10:27-28). Lo primero no es el compromiso sino la gracia. Pero de la gracia surge la fuerza para acoger generosamente el compromiso.Y así entre la gracia y la exigencia vive el discípulo de Cristo.
Para Menno Simons se trata de vivir “en un estado de gracia” que nos recuerda al evangelio: “de gracia lo recibisteis, dadlo de gracia” (Mateo 10:8).
“Los que aceptan a este proclamado Cristo por medio de una verdadera fe, la cual, según Pablo, es un don del Padre…estos mismos están en un estado de gracia por Cristo y tienen a Dios como su Padre…”6
2. Bautismo: del interior al exterior
No conocemos la fecha exacta del bautismo “anabautista” de Menno Simons. Sabemos que la práctica del rebautismo entre algunos de sus parroquianos, le causó una profunda extrañeza que lo llevó a investigar en la tradición de los Padres de la Iglesia, los reformadores protestantes contemporáneos, y finalmente en el Nuevo testamento. Desde el punto de vista teológico fue esta indagación sobre el bautismo, lo que le llevó a terminar con sus funciones sacerdotales católico romanas.
En octubre de 1536 ya había dejado el sacerdocio católico. Había sido hospedado por personas que luego fueron acusados y arrestados por “haber dado alojamiento al señor Menno Simons, reciente sacerdote de la parroquia de Witmarsum… y que ha aceptado el pacto de los anabautistas”.7 Evidentemente que las autoridades ya sabían de su deserción católica romana y adhesión a los anabautistas. Por lo cual podemos inferir que fuera bautizado poco después de dejar el sacerdocio católico romano a inicios de 1536. En este mismo año escribió “La resurrección espiritual” donde reflexiona respecto a su conversión al anabautismo como un despertar espiritual o interior. En 1537 escribió “El nuevo nacimiento” y una especie de autobiografía titulada “Meditación sobre el Salmo 25”. Ya en el año 1539 escribió su tratado sobre “El bautismo cristiano”.
Estos primeros opúsculos condensan su experiencia de conversión y bautismo. En ellos encontramos un lenguaje muy cercano al espiritualismo místico de Hans Denck en el sur de Alemania. Este contenido místico-espiritual de Menno Simons – no siempre recordado - nos muestra su sed y búsqueda espiritual. Tal búsqueda nunca debe estar ausente en el liderazgo eclesial.
Para Menno Simons el bautismo en o por el agua expresa simbólicamente una regeneración interior. Con frecuencia usó metáforas y referencias bíblicas para referirse a la regeneración interior, el acto bautismal y la consecuente vida nueva del cristiano. Veamos un primer texto.
“El nuevo nacimiento no consiste ciertamente en agua ni en palabras sino que es el poder vivificante y celestial de Dios en nuestros corazones…y mediante la predicación de la palabra divina [que] conmueve, renueva y transforma nuestro corazón… somos trasladados de la infidelidad a la fidelidad, de la injusticia a la justicia, del mal al bien, de la carnalidad a la espiritualidad, de lo terrenal a lo celestial…somos transferidos de Adán a Cristo”.8
Menno Simons usa palabras como “transformación, transferencia o traslado”. Con frecuencia herederos de la tradición menonita han presentado el lado austero, renunciantemente riguroso y sacrificial de Menno. El énfasis ha recaído en la obediente renuncia, la auto negación y la represión del derecho al placer y el bienestar. Sin embargo, una relectura contemporánea permitiría un sentido más positivo, más consciente y más maduro.
Las palabras transformación, transferencia, traslado nos recuerdan que se trata de introducir un cambio radical. Y esto nos evoca una tradición antigua de la transfiguración, lo que es mucho más difícil que la mera renuncia. Se trata de transfigurar, y no meramente renunciar. Por ejemplo, en vez de renunciar a la sexualidad, el bienestar psicofísico, la belleza y la alegría, y en vez de vivir en la represión del deseo, se trata de transfigurar. En vez de renunciar a esta o aquella dimensión humana, hemos de transfigurarlo todo. Inclusive las experiencias negativas y de dolor han de ser transfiguradas en ocasiones de trascendencia. En muchas esferas de nuestra vida y ministerio es necesario que recordemos estas palabras: “No sacrifiques” dijo el ángel de Dios a Abrahám (Gen. 22:12). “Misericordia quiero y no sacrificio”, nos dice el Señor.
Pero también es una invitación a no parar, estar en marcha, ir más allá. Cuando Menno Simons dice: “transferidos o trasladados de lo terrenal a lo celestial, de la naturaleza pecaminosa de Adán a la naturaleza justa de Cristo” no se trata de la represión de lo terrenal. Pues lo que es reprimido siempre acaba retornando o es proyectado hacia los demás. Más bien es el punto de partida, es el inicio de la marcha de la cual nos hablan las bienaventuranzas.9 Es el camino de pascua al cual el Espíritu de Dios nos llama. Es salir del estancamiento, salir de la confinación, salir del conformismo y abrirnos a una regeneración y cambio que será constante. Como dice Pablo: “…transformaos a partir de una renovación interior” (Rom 12:2).
Un segundo texto Menno Simons resalta la importancia de la experiencia interior de regeneración o nuevo nacimiento. Sin esta todo acto externo carece de valor y sentido: “Porque sólo este bautismo interior, vale ante Dios, mientras que el bautismo exterior sigue como demostración de la obediencia que viene de la fe… El bautismo exterior -pacto en agua- no cumple nada mientras no nos renovemos, regeneremos y nos bauticemos interiormente con el Espíritu Santo de Dios”.10
No pocas veces en el ministerio pastoral nos vemos empujados a realizar ceremonias y ritos externos que carecen de autenticidad. Presionados por el afán de éxito, practicamos bautismos con suma rapidez buscando aumentar numéricamente la membrecía de la iglesia. Asumimos que así es el ministerio cristiano y justificamos estas acciones con todo tipo de argumentaciones teológicas pero carentes de experiencia interior. Se trata en verdad de experimentos pero no de experiencia. En el fondo sabemos que esto no nos satisface, pero lo olvidamos y continuamos a engañarnos a nosotros mismos. Entonces, ¿cuál es el valor del bautismo exterior o pacto de agua? Para Menno Simons11 es una demostración pública que obedece a la experiencia interior de la fe y regeneración. Esta experiencia o bautismo interior viene antes y sin este, vanos son nuestros rituales externos. “No somos regenerados por haber sido bautizados…sino que somos bautizados porque hemos sido regenerados por la fe”, dice Menno Simons. Otra vez: se trata de transfigurarnos y alcanzar más autenticidad en aquello que somos profundamente y en aquello que hacemos externamente. Porque podemos engañarnos durante algún tiempo, pero no podemos mentirnos toda la vida.
Finalmente en el texto que sigue, Menno Simons resalta más la necesidad de armonizar el bautismo interior de regeneración espiritual con el bautismo exterior en el agua.
“Delante de Dios ni el bautismo, Santa Cena, ni ninguna otra ceremonia externa vale, si se realiza sin el Espíritu de Dios y sin la nueva criatura; sino que como claramente lo ensenó Pablo, delante de Dios sólo tiene valor la fe, espíritu y regeneración…Las ceremonias sin realidad no tienen ningún mérito ante Dios. Porque Él no es un Dios que se complazca en apariencias externas, ceremonias, símbolos, pan, vino, agua y servicio nominal, sino en espíritu, poder, obras y verdad”.12
¿A qué se refiere Menno Simons al decir “las ceremonias sin realidad”? Seguramente eran prácticas ministeriales y eclesiásticas de su época – tanto católicas como protestantes – que se reconocían como sacramentos, es decir mediaciones de la presencia de Dios. Podemos asumir que eran prácticas ministeriales del liderazgo mediante las cuales se ministraba la gracia divina al pueblo. Menno las identifica como sin substancia o carentes de espíritu, nada más que apariencia sin energía o veracidad. Esta observación puede ser muy actual. Hemos de discernir nuestras ceremonias y prácticas con las cuales servimos al pueblo de Dios. ¿Cuánto amor contienen? ¿Cuánto corazón y espíritu subyace en nuestros ritos? ¿Cuánta bondad cargan y reparten a quienes de ellos participan?
Nuevamente una relectura contemporánea de esta frase de Menno Simons pueda arrojarnos nueva luz. “Ceremonias sin realidad” podemos entenderlo hoy como actos “sin conciencia, sin atención, sin despertar, sin verdad”. Es hacer de la ceremonia un ídolo, un absoluto. Es olvidar que más allá de la ceremonia, que más allá de sus símbolos y acciones, nos aguarda la “Realidad que Es”, como decían los antiguos padres de la Iglesia para referirse al Misterio divino. “Sin realidad” significaría estar dormido, aletargado o inconsciente y por eso mismo incapaz de encontrarse con Aquel que Es. ¿No es esta la condición de muchos actos litúrgicos? ¿No es esta la sensación que nos acosa en la mera repetición e imitación de fórmulas y prácticas en el ministerio pastoral?
“Por esto, – dice Menno Simons – que cada uno tenga cuidado a fin de no atribuir el honor y la gloria debidos a Cristo, a las ceremonias externas y a los elementos visibles”.13
3. Andar en novedad de vida
Menno Simons atribuye – como vimos – suma importancia a la autenticidad, sinceridad y atención a la experiencia de renovación interior. Sin esta, todo lo demás es mera apariencia y sus razones mera palabrería. Pero una vez afirmado esto, también exhorta a caminar en el camino de Cristo. Sin este andar como Cristo anduvo, no se verifica ninguna experiencia interior. Tan importante es también la demostración de los frutos del “bautismo interior” que los menonitas fueron acusados de buscar la salvación por obras.Y varias veces Menno Simons tenía que defenderse de tales acusaciones: “Observa lector amado, que no creemos ni enseñamos la salvación por nuestras obras y méritos como nuestros antagonistas nos acusan sin ningún fundamento…”14
Es una continua dialéctica entre fe y obras.“La verdadera fe evangélica no puede permanecer inactiva, - dice Menno - un árbol bueno produce buenos frutos de acuerdo a sus propiedades naturales, así también la verdadera fe evangélica”.15
¿Cuáles son los frutos de la novedad de vida? ¿Qué cosas hacen visibles la verdadera fe evangélica? ¿Qué significa “andar en novedad de vida”? La expresión “andar en novedad de vida o en la vida nueva” nos relaciona con lo más original del anabautismo del siglo XVI: el seguimiento de Cristo.
De diversas maneras todos los escritos de Menno Simons vuelven a esta cuestión radical. Se trata de seguir a Cristo y andar por el camino que él anduvo. Con frecuencia aludimos a nuestras limitaciones humanas e incapacidades naturales como las razones que nos impiden el seguimiento de Cristo. Terminamos atribuyendo que tal exigencia - el discipulado – no es para todos los creyentes, sino solamente para algunos “muy dedicados”. También argumentamos que no es para estos tiempos sino tan solamente para aquel entonces en los días de Jesús de Nazaret. Menno Simons no ignora tales razones. De hecho frecuentemente lamenta - como era propio de su tiempo - las debilidades humanas que le impedían mayor fidelidad.16 Sin embargo, esa no es razón ni excusa para no seguir a Cristo. “…y así andar en nuestra debilidad como Cristo ha caminado en su perfección”.17
“Los verdaderos creyentes ordenan sus vidas, dentro de la imperfección, de acuerdo con las palabras, mandamientos, ordenanzas, espíritu, reglas, ejemplo y medida de Cristo…pues están en Cristo y Cristo en ellos. Y por lo tanto no continúan con la antigua vida pecaminosa (exceptuando la propia debilidad humana) sino en la nueva vida de justicia que es por fe…”18 Pues bien, ¿qué caracteriza esa “nueva vida de justicia que es por fe”?
Primero, debe quedar claro que para Menno Simons el cambio interior debe verse en lo exterior: “No es suficiente que digamos que somos hijos de Abraham, es decir, que llevamos el nombre de Cristianos, sino que debemos hacer las obras de Abraham (Jn 8:39)…Los verdaderos creyentes muestran con sus vidas y acciones que creen, que son nacidos de Dios y guiados espiritualmente”.19
Segundo, Menno Simons usa repetidamente una frase casi técnica que resume la nueva vida de los creyentes al igual que en las cartas del apóstol Pablo: “están en Cristo y Cristo en ellos”. En una palabra: andar como Cristo anduvo. Encarnar – aun en nuestra debilidad – el modo de ser y hacer de Jesucristo. El siguiente texto algo extenso de Menno Simons, ha sido entresacado de sus escritos y refleja claramente el contenido de esa nueva vida:
“Se hacen pobres en espíritu, mansos, misericordiosos, compasivos, pacifistas, pacientes, hambrientos y sedientos de justicia, listos a sufrir por la verdad, por medio de buenas obras siguen a la vida eterna…llevan una vida humilde y piadosa, ayudan con todo amor y misericordia a sus prójimos, al necesitado, buscan la justicia con todo empeño, no ofenden a nadie…Practican la caridad y amor en todo lo posible, no toleran que haya mendigos entre ellos, reciben al miserable, hospedan al extranjero, consuelan al afligido, asisten al necesitado, visten al desnudo, alimentan al hambriento, no menosprecian al pobre y no descuidan sus miembros menesterosos… Los regenerados no van a la guerra ni pelean. Son los hijos de paz, han convertido sus espadas en hoces y sus lanzas en azadones y no aman la guerra… Procuran que la divina voluntad y el santo evangelio de Jesucristo sean conocidos en todo el mundo. Tienen por medio del Espíritu y Palabra de Dios una seguridad tal de su fe, que pueden por medio de ella confrontar a sangrientos y crueles tiranos con todas sus torturas y prisiones, exilios y despojos… con puro e inocente corazón y con un simple sí y no, están dispuestos a morir”20
La correspondencia con textos evangélicos nos indica la seriedad y conocimiento bíblico de Menno Simons. Nada está de más. Todo está en exacta integralidad. Las dimensiones interiores y exteriores de la fe se hallan expresadas armónicamente en estas palabras. El espíritu compasivo se torna visible en la no ofensa y la no-violencia; la misericordia se proyecta en la atención a los necesitados y su liberación de la pobreza; la sed y hambre interior de justicia no teme confrontar la crueldad de los tiranos; el pacifismo se hace visible en el trabajo compartido con instrumentos de paz, en la humildad y en no querer la guerra aun al precio de morir por la paz; y que todo esto sea conocido en el mundo.
Para Menno Simons lo que define un cristiano, no son sus creencias o la pureza y ortodoxia de sus doctrinas. Por el contrario, es su similitud al andar de Cristo, es su naturaleza en semejanza de Cristo. Recogiendo una tradición mística de unos siglos antes de Menno Simons, podemos decir que los cristianos son o deben ser encarnación de Cristo o de sus cualidades, de su Espíritu, de su modo de ser y hacer. Por eso son cristianos.
Nuevamente hemos de discernir nuestras definiciones y prácticas sobre qué es ser “cristianos”. Más que una adherencia, afiliación o membrecía a cualquier iglesia o movimiento religioso, el ser cristiano liga y religa su identidad al Espíritu de Jesucristo. Somos cristianos porque seguimos y proseguimos a Cristo. Somos cristianos porque actualizamos en la práctica su palabra y sus acciones. Somos cristianos porque encarnamos en nuestra vida, misión y destino, los valores y principios eternos que orientaron la vida, misión y destino de Jesucristo.
Como bien sentencia Menno Simons: “Esto es lo que significa, de acuerdo a las Escrituras, creer, ser Cristiano, estar en Cristo y Cristo en nosotros”.21
4. Preguntas a nuestro ministerio pastoral
“Cuando el discípulo está pronto, el maestro aparece” dice un dicho antiguo. De hecho si el discípulo está presente, entonces el maestro estará en todas partes. Según esta antigua tradición, el maestro interior, el Espíritu de Cristo estará presente en todo momento y en todas partes (Jn 16:13-15). El maestro está presente siempre, pero ¿dónde está el discípulo? Metafóricamente podríamos decir que no es luz lo que nos falta sino ojos para verla. Es necesario pedir un corazón de discípulo. El rey Salomón no pidió éxito ni riquezas, sino un corazón inteligente, un corazón atento, un corazón de discípulo. Fue esta también la petición de uno de los discípulos: “Señor, enséñanos una oración así como Juan enseñó a sus discípulos” (Lc 11:1).
Es común entre líderes y pastores el olvido de continuar siendo discípulos o seguidores de Jesucristo. Creemos que ya pasamos esa etapa. Pensamos que el seguimiento es para aquellos que apenas comienzan a andar en el camino cristiano. Acostumbrados a liderar no estamos abiertos y atentos a ser orientados por el maestro interior. Pero ¿cómo liderar a otros sin conocer la experiencia de ser orientados? ¿Cómo formar discípulos o seguidores de Cristo sin vivir la experiencia el seguimiento y proseguimiento? ¿Cómo formar “verdaderos cristianos” - en el decir de Menno Simons - sin conocer la verdad de Cristo?
La contribución de Menno Simons podría servir más allá de las fronteras de la iglesia menonita actual. Pero con seguridad, al menos sus palabras sobre aquello que caracteriza el ser cristiano, deben informar y formar la grey menonita contemporánea.
a. ¿Cómo usted mantiene su “corazón de discípulo” aun en la tarea de enseñar a otros el seguimiento de Cristo?
b. ¿Conoce lo que piensa su comunidad respecto a lo que es ser cristiano?
c. Realice una encuesta entre sus hermanos y hermanas en la fe respecto a las características de un cristiano y luego compare las respuestas con las notas sobre el “verdadero cristiano” de Menno Simons. Encuentre las coincidencias y las diferencias.
d. ¿Cuál es el significado espiritual que su comunidad atribuye al bautismo en agua, la cena del Señor, y otras ceremonias religiosas? ¿Cómo usted procura no caer en la práctica de “ceremonias sin realidad”?
Tony Brun es parte del equipo de la oficina de Educación Pastoral y de Liderazgo Hispano en la Agencia de Educación Menonita
1. Menno Simons repitió con diferentes palabras su experiencia personal y familiar de sufrimiento por el destierro que la obediencia a Cristo y la vocación pastoral le exigieron: “A causa de esto yo, con mi pobre y débil esposa [Gertrude] e hijos hemos sufrido por dieciocho años ansiedad, opresión, aflicción, falta de hogar, miseria y persecución”. Citado en Textos Escogidos de la Reforma Radical de John H. Yoder (Ed. Aurora, Buenos Aires 1976) p.354
A la misma vez, hemos de decir que encontramos ninguna o poca expresión de alegría o júbilo en alabanza por los pequeños o grandes logros de la fe. Esto denota la personalidad austera, rigurosa, seria y dolida que llevó Menno Simons.
2. Bender, H. y Horsch, J. Menno Simons. Su vida y sus escritos (Herald Press, Scottdale, PA 1979) p.97-98
3. Gutiérrez, G. Citado en Revista Vida Pastoral No. 250 (San Pablo, Buenos Aires, Noviembre/Diciembre 2004)
4. Ibid, 100 y 102
5. Monseñor Romero afirmaba: “El mundo de los pobres nos enseña como ha de ser el amor cristiano, que debe ser gratuito pero debe buscar la eficacia histórica”.
6. Snyder, Arnold. Selecciones Teológicas Anabautistas (Herald Press, Scottdale, PA 1985) p. 44
7. Estep, W.R. Revolucionarios del siglo XVI. Historia de los anabautistas (Casa Bautista de Publicaciones, 1975) p119
8. Bender, H. op cit, 99-100
9. La traducción contextual hebrea de Andre Chouraqui sobre la palabra “bienaventurados” sugiere que significa “estar en marcha” “estar en camino”.
10. Snyder, A. op cit, 153
11. Bender, H. op cit, 112
12. Bender, H. op cit 111-112
13. Bender, H. op cit 113
14. Ibid, 99
15. Ibid, 102
16. En este asunto discrepamos de Menno Simons – aunque se trate de su testimonio personal – pues vemos las debilidades y carencias como ocasiones de mayor conocimiento divino. Las debilidades humanas pueden ser transfiguradas o transformadas un camino iniciático o una puerta que nos conduzca a mayor plenitud. Lejos de lamentarnos de ellas, hemos de usarlas como ocasión de despertar y saber que allí están para llamarnos una y otra vez a la humildad y simplicidad.
17. Snyder, A. op cit 154
18. Bender, H. op cit 102-103
19. Ibid, 95 y 102
20. Ibid, 100-124
21. Ibid, 100
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Additional Notes
Tony Brun es parte del equipo de la oficina de Educación Pastoral y de Liderazgo Hispano en la Agencia de Educación Menonita
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