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2009-01-06 issue:

Reflexión Pastoral - 10ª parte

Reflexiones sobre el ministerio de Menno Simons.

by Tony Brun

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Dios no existe, Dios es

Le ruego que no se inquiete con este título. Le ruego que siga leyendo. Pero permítame aclarar tres cosas que espero apacigüen su inquietud, si este fuera el caso.

Primero, este título no es una contradicción aunque pueda incomodar o confundir a muchos.

Me asombra la manera en que muchas iglesias hablan con tal propiedad, seguridad y hasta ostentación verbal sobre Dios.  “Dios quiere, Dios me dijo, Dios hizo, Dios podía, Dios espera, Dios esto, Dios aquello…” Si honestamente nos escucháramos por un instante, no tendríamos más que reconocer que la mayoría del tiempo ignoramos nuestra ignorancia.  ¿Cuál Dios? ¿Qué decimos cuando decimos “Dios”?   ESO que llamamos “Dios” muchas veces no tiene nada que ver con aquello que queremos representar bajo esa palabra o ese nombre.  Cuando decimos que creemos o no en Dios es conveniente aclarar el sentido que colocamos en esa palabra.  Pues cada palabra remite a una experiencia, ¿de qué experiencia se trata? Pues como dice Jean-Yves Leloup “si Dios no es para nosotros una experiencia, no pasa de ser una palabra en la que proyectamos nuestras carencias y nuestros fantasmas [entonces] es mejor decir que Dios no existe”.

Segundo, este título nos ayuda a descubrir un poco más la teología de la pastoral de Menno Simons.

¿Existe algún texto de Menno Simons - aunque ya anabautista – que nos permita saber alguna cosa sobre sus estudios teológicos? Ya hemos dicho al inicio de este libro que Menno Simons era un asiduo lector de algunos los Padres de la Iglesia, en particular  San Cipriano y San Agustín.  Podemos también inferir que su formación como sacerdote católico romano incluyó el estudio de la patrística. Creo que su breve texto titulado Confesión del Dios Triuno3 escrito en 1550, refleja claramente su trasfondo teológico en esa tradición del pensamiento de la Iglesia.   Por esta razón, usamos algunos textos de aquellos Padres y así comprenderemos mejor el pensamiento teológico de Menno Simons. Sin embargo, no olvidemos que no era formalmente un teólogo o profesor sino sobre todo: un pastor. 

Tercero, el título es una paradoja, una especie de dogma sin dogmatismo. Originalmente, el dogma era una paradoja. Algo hecho para despertar nuestra conciencia y ayudarnos a ir más allá de los dualismos y del típico funcionamiento binario de nuestra mente: o blanco o negro, o esto o aquello, o Dios existe o no existe, etc.  O sea, una paradoja que nos ayuda a ir más allá de la razón, pero sin perder la razón.  Lamentablemente hoy en día los “dogmas” han sido tergiversados en dogmatismos.  Esto significa obligar a alguien a creer en algo, generalmente en lo mismo que yo creo. Eso es nocivo.  En realidad el dogma fue creado para que saliésemos del dogmatismo. Es una invitación a creer en  la verdad de esto y aquello, o incluso, más allá de esto o aquello.  Una invitación a vivir la experiencia de la fe. La palabra “fe” es la traducción del griego pistis y del hebreo amen y significan: “fidelidad, esto resiste, esto es cierto, esto es exacto, así es”.

1. Creemos y confesamos
El escrito mencionado de Menno Simons “La confesión del Dios Triuno” comienza y reitera varias veces las palabras “creemos y confesamos”.4 

Preguntémonos: ¿qué cree y qué confiesa Menno Simons sobre Dios? ¿Cuál es el “amen” de Menno Simons sobre Dios, aquello que para él es cierto, aquello que resiste?  Respondiendo rápidamente llama la atención que  Menno Simons usa adjetivos o calificativos divinos que “resisten” nuestra investigación y están más allá de ser descifrados, construidos y analizados (separados en partes). Se trata de palabras que apuntan a una Realidad abismal que no podemos medir, pensar o tornar objeto de estudio (objetivar).  Esa Realidad que no podemos apoderarnos ni poseerla5  a fuerza de cuestionamientos ni argumentos, esa Realidad que llamamos comúnmente de “Dios”, es digna de fe.

1.1 Dios es ... Espíritu
Menno Simons dice: “Y puesto que es un Espíritu tan grande, temible e invisible, también es inexplicable, inconcebible, indescriptible…En este único, eterno, omnipotente, inefable, invisible, inexpresable e indescriptible Dios creemos y confesamos…”6 

La palabra “Dios” viene del latín dies que quiere decir “día luminoso”. Cuando decimos “Dios” estamos del “día luminoso”. La palabra hace referencia al brillo de la luz. Y en este sentido –enriqueciendo la expresión- la tradición budista usa la expresión “la clara luz”. La luz es aquello que no vemos, pero también es aquello que nos permite ver. Esa luz que si bien permite ver, es y permanece invisible. ¿No dicen esto los escritos juaninos? “A Dios nadie lo vio jamás” (Jn 1:18); “Dios es luz” (I Jn 1:5). También el apóstol Pablo afirma “Dios habita en una luz inaccesible que nadie jamás vio ni puede ver” (I Tim 6:16). Los primeros siglos del cristianismo siguieron fieles a esta tradición apostólica, siendo muy prudentes al hablar de Dios.  Casi rayando la blasfemia, los apóstoles apenas se animaron a decir pocas cosas que Dios es: Dios es Espíritu (II Cor 3:17), Dios es Amor (I Jn 4:8),  Dios es Luz (I Jn 1:5). 

¿No deberíamos recuperar esta humildad y sabia ignorancia? ¿Con qué arrogancia creemos conocerlo todo sobre Dios? Inclusive, ¿con qué certezas mantenemos todavía  modelos misionales que se allegan a otras culturas atribuyéndose el conocimiento de Dios y encontrando en el otro nada más que desconocimiento divino?

Nuestras iglesias menonitas occidentales -que tienen mucho de protestantes en eso- asignan notable énfasis a la verbalización, la argumentación y al sermón.  Nuestras universidades o seminarios se auto complacen en el logro académico de formar “teólogos y teólogas”. En el cristianismo original no había “teología” en el sentido moderno de la palabra.  El teólogo era antes que todo “aquel que ora”, “aquel que celebra”; y no hacía ningún discurso sobre Dios.  El teólogo era sobre todo “teoforo” esto es “aquel que manifiesta a Dios”.

En la línea de sus contemporáneos y antecesores radicales, Menno Simons sigue esta tradición: “Y puesto que es un Espíritu, también es invisible, inexplicable, inconcebible, indescriptible, inefable, inexpresable, incomprensible…”

Podemos retener algunas de estas palabras paradoxales:

*In-visible:  “no visible, que no se ve, que no puede ser visto”
*In-explicable: “no explicable, no puede ser explicado, no puede ser lanzado fuera (ex) para entender
*In-concebible: “no conceptible, que no puede ser concebido en conceptos”
*In-descriptible: “no descripto, que no puede ser especificado, detallado o reseñado”
*In-fable: “no hablar, que no puede hablarse nada al respecto”
*In-comprensible: “no comprensible, no puede ser comprendido, que escapa la comprensión”

Algunos Padres de la Iglesia – en cuya lectura se formó Menno Simons – expresan lo mismo: “Dios es invisible, inefable, infinito. Para describirlo, no tenemos palabras; el espíritu desfallece en su búsqueda; la inteligencia se muestra incapaz de aprehenderlo” (San Hilario, 315-367 dC en “De Trinitate II, n.6”)7

Ni nuestra inteligencia, ni los sentidos, ni nada creado pueden aprehender, abarcar o comprehender a Dios.  

Dionisio Areopagita - seudónimo de quien probablemente fuera discípulo de Pablo y luego obispo de Atenas - escribió: “Ninguna razón, ninguna inteligencia puede ir al final de lo que Él es en Sí mismo. No importa lo que se diga acerca de Él, siempre permanece incognoscible” (Epístola III)8

“Y si alguien, viendo a Dios, comenta aquello que ve, no es al propio Dios a quien ve, sino alguna cosa de las que pueden ser conocidas por nosotros.  Él mismo, sin embargo, siempre permanece más allá de la inteligencia y solamente le conocemos más allá del intelecto, cuando Él es totalmente desconocido y no existe…Toda afirmación, así como toda negación no alcanzan Su trascendencia” (Epístola I)9

No estamos acostumbrados a estas palabras.  Quizás nos parecen insidiosas y para algunos puedan ser causa de inquietud o inquisición.  Pero lo cierto es que el mismo nombre de Dios “YHWH” (Yaweh) revelado a Moisés (Ex 3:14-15), es un tetragrama (cuatro letras) impronunciable, inefable, indecible, inexpresable.  Isaías confiesa – en un contexto contra la fabricación de ídolos – “Tú eres un Dios al que le gusta esconderse” (Is 45:15).  El mismo apóstol Pablo –quien más de una vez escribió certezas teológicas – exclamaba: “¡Qué abismo de riqueza, de sabiduría y de conocimiento el de Dios! ¡Qué insondables sus decisiones y que irrastreables sus caminos! Pues, ¿quién conoce la mente del Señor?” (Rom 11:33-34).

Dios no existe, Dios es.  Esto pareciera un juego inútil de palabras, sin embargo no lo es. Pensando correctamente (ortodoxia) “si Dios existiese,  como todo aquello que existe, un día tendría que acabar, dejar de existir. De manera que todos los dioses, investidos por nuestras adoraciones ciegas de la existencia, son ídolos”.10  ¿Podríamos confiar y creer en aquello que no permanece? ¿Es digno de confianza aquello que no resiste las sombras ni el tiempo? ¿No sería una confianza en vano, “vanidad de vanidades, todo es vano”? ¿Qué es lo que no muere, cuando todo lo que existe deja de existir?

Dios no existe, Dios es. Los ídolos existen - incluso los nuestros, sean mentales o materiales - y por eso, no son eternos.   Así como un día fueron fabricados, otro día dejarán de existir.   El “Dios verdadero” – como diría Menno – se resiste a ser objeto de nuestra fabricación.  Esa Realidad que llamamos “Dios”,  fue, es y será el Misterio. 

“En este único, eterno…Dios creemos y confesamos”, dice Menno Simons.  Finalmente creer o no creer,  es nuestra decisión. 

Pero entonces, ¿Dios no se tornaría una abstracción, un absoluto irreal? ¿Cómo relacionarnos con lo que no existe? ¿Cómo orar o rezar a un Dios que no existe?  Veremos esto en el apartado siguiente.

1.2 Dios es…Creador
Menno Simons dice: “Creemos y confesamos…que hay un solo eterno Dios, Creador del cielo y de la tierra, el mar y todo lo que contiene; un Dios a quien el cielo y el cielo de los cielos no puede contener…”11

Dios es, antes de todo, el Desconocido, Aquel que no se conoce, Aquel que no se puede decir. “Tú eres el Innombrable”, decía Gregorio de Niza.   El primer nombre de Dios no es pronunciado, sino apenas simbolizado con las cuatro letras YHWH (Ex 3:14-15).  Pero es importante recordar que este nombre se manifestó en contextos de compasión, generosidad y liberación.   Por eso, decir “Dios es Amor” (I Jn 4:8) podría ser apenas una aproximación desacertada del nombre divino YHWH.

Terminamos el apartado anterior cuestionándonos “¿cómo rezar, cómo orar, cómo relacionarnos con el Dios que no existe, pero que Es?  Y también resumíamos el apartado anterior diciendo: “Dios es Misterio”. La palabra “misterio” viene de la palabra latina mutis: “sin voz, mudo, en silencio”.  ¿Será que podemos permanecer en silencio? ¿Será que podemos relacionarnos con el silencio como una Presencia de Dios? “Estad quietos, y conoced que Yo Soy” (Sal 46:10).

Con frecuencia decimos “hagamos silencio y…”  Pero el silencio no es algo a ser hecho, siempre está presente cuando no lo llenamos de ruido, barullos, palabras, pensamientos, memorias, etc.  Esa Realidad que llamamos Dios, y que revela su nombre primeramente impronunciable, ¿no será ese Silencio que siempre nos hace falta? ¿Ese Silencio de donde viene la palabra y el pensamiento, y adonde retornan la palabra y el pensamiento…?

En las iglesias hispanas ¡siempre hay tanto ruido, tanto barullo! Orar es hablar, decir y hasta gritar. Así entonces hay poco espacio exterior e interior para el Silencio divino. Por otro lado, en las iglesias angloamericanas ¡siempre hay tanto raciocinio, tanta palabra, tanto sermón! Así entonces, tampoco hay espacio exterior e interior para el Silencio divino. Y cuando organizamos retiros espirituales, en realidad se tratan de una excepcional oportunidad para la comunión mutua, leer libros de espiritualidad o hacer deporte.  En ambos casos, el Desconocido Dios continúa todavía más desconocido, no importa lo que digamos, prediquemos, escribamos, hagamos o creamos. 

Al revelar su nombre a Moisés, Dios le recuerda que así le invocarán para siempre (Ex 3:15).  De modo que, también hay espacio para la palabra, la invocación, el pronunciar Dios, etc. Pero será necesario decir todo eso sin perder el silencio de aquello que permanece intraducible, indecible, impronunciable.   Esto nos ayudará a volver a la experiencia divina que está más allá de las palabras.12 

Antes del principio (Gen 1:1) podemos balbucear que con Dios estaba el Silencio, que Dios era Silencio. De allí brota la Palabra creadora y la vida.  ¿Habrá sido así también en nuestra génesis, en nuestro comienzo? La experiencia de silencio es original.  Está en los orígenes de la vida, al nacer y al morir. Del silencio venimos y al silencio vamos. ¿Habría algo en la muerte que ya no nos haya enseñado antes el silencio?

“Dios es Creador”, afirma Menno Simons.  El Invisible e Increado Dios se torna – en algo – conocible a través de lo creado y lo visible, como afirma Pablo (Rom 1:19-20). Al igual que el sol, no conocemos su centro o su esencia. En su centro siempre permanecerá inaccesible e incognoscible.  Sin embargo, sí conocemos el sol por sus rayos y la participación en su luz y su calor. 

Del mismo modo, conocemos a Dios a través de la participación. Es decir, por  el seguimiento. Como decía Basileo de Cesárea: “Afirmamos que conocemos a Dios en sus energías, pero no podemos prometer aproximarnos a Él en su propia esencia, pues su esencia permanece inaccesible, mientras que las energías vienen hasta nosotros”.13 

Aunque inaccesible, por amor a su creación Dios se torna participable.  Por el seguimiento de su Ser, su Amor, su Espíritu, su Luz, su Voluntad, su Reinado -  todo aquello que Jesucristo encarnó - es que nos aproximamos a conocerle.  Cristo no es olvidado. Al contrario, él es lo visible del Invisible Dios.  El mismo Menno Simons dice: “Creemos y confesamos que Jesucristo, el verbo eternal e incomprensible…[es] enviado y dado a nosotros por pura misericordia y gracia de Dios, imagen manifiesta del Dios invisible e incomprensible y resplandor de su gloria”.14

Tampoco el Espíritu Santo es olvidado.  “Creemos que el Espíritu Santo – dice Menno – es el verdadero Espíritu de Dios –incomprensible, indescriptible e inexpresable – que nos anima, pacifica…y nos hace Santos en Cristo”.15   En el capítulo anterior, notábamos que Menno Simons reitera una frase con la que resume la vida de los cristianos: “están en Cristo y Cristo en ellos”.  He aquí el camino por el cual conocemos a Dios. Es decir, por participación y seguimiento de Cristo.  Sin embargo,  una vez más nos encontramos con lo paradoxal.  Lo que descubrimos a cada instante es ciertamente mayor y más profundo que lo descubierto antes, y así por siempre hasta el Infinito.  Pues como dice Menno Simons “…un Dios a quien el cielo y el cielo de los cielos no pueden contener…”

Lo que se busca no tiene límites.  Por eso el evangelio usa la metáfora del “seguimiento”.  Por esto también los anabautistas se referían a su condición de “ser peregrinos”.

“Es posible permanecer abiertos  [He aquí estoy a la puerta y llamo… Apoc 3:20] a alguna cosa que jamás podemos capturar o comprender…Podemos apenas abrirnos a esta Realidad, a esta Presencia que se nos escapa a medida que nos aproximamos. Entonces:
‘Estoy ebrio, no debido al vino que bebí, estoy ebrio debido a todo el vino que no bebí’…
Estoy ebrio no debido a aquello que yo conozco, estoy ebrio debido a todo aquello que no conozco. Lo que conozco es finito, lo que no conozco permanece infinito”.16

2. Preguntas a nuestro ministerio pastoral
Si decimos “conozco a Dios” seríamos mentirosos, pues Dios es incognoscible. Mejor sería callarnos y permanecer en la humildad. Si decimos “no conozco a Dios” también seríamos mentirosos, pues en Cristo algo de Dios se ha revelado. Esto no lo podríamos callar.

¿Qué hacer? Sobre Dios no podemos hablar pero tampoco podemos callar.  Escribiendo sobre el misterio de la encarnación, Menno Simons nos deja saber un principio que se aplicaría a nuestra cuestión. 

“Y por lo tanto declaro que no intento razonar este punto inexplicable, sino que quiero seguir la Palabra de mi Dios…” 17

Se trata de la humildad y la certeza.  La humildad está relacionada aquella ignorancia sobre la naturaleza divina.  Menno dice: “…no intento razonar este punto inexplicable”. La certeza está relacionada a la experiencia de Dios. Menno dice: “…quiero seguir la Palabra de mi Dios”.

En otras palabras: la humildad para no pretender – y menos con arrogancia - discursar sobre Dios.  Certeza de seguir la Palabra de Dios. Humildad de reconocer la presencia de lo inexplicable. Certeza de creer y confesar con confianza – y a pesar de lo inexplicable – en Dios.

1. ¿Cómo usted tiene la certeza de que sus predicaciones “siguen la Palabra de Dios”?

2. ¿Cuándo o en qué momentos usted reconoce su ignorancia respecto de Dios? ¿Cómo manifiesta esta humilde ignorancia en sus sermones?

3.    En su comunidad o iglesia, ¿se relacionan con el silencio como ocasión de experimentar la Presencia silenciosa de Dios? ¿O, en realidad tratan – aun inconscientemente - de que no haya silencio, sino siempre un canto, una lectura, una palabra, un anuncio, etc?

4.    ¿En qué momentos de su ministerio pastoral, usted procura la experiencia de Dios en el silencio? ¿Cómo desarrolla esta experiencia espiritual en su congregación?

5.    Menno Simons se refería a Dios como “incomprensible Padre, incomprensible Hijo e incomprensible Espíritu Santo” (la Trinidad Divina).
a. ¿Qué quiere decir con esto?
b. ¿Cómo se puede hablar o predicar de lo que no se comprende?

6. ¿Cómo le ha ayudado a su vida espiritual y ministerial la lectura de este capítulo? ¿Por qué?

Tony Brun
Washington, DC
Diciembre 2008


1. Nos hemos inspirado en las reflexiones de Jean-Yves Leloup en “Deus nao existe!” (Vozes, Petropolis, RJ 2008) y “Escritos sobre o Hesicasmo. Uma tradicao contemplativa esquecida” (Vozes, Petropolis, RJ 2003). Así como también en charlas con este autor en Barra do Pirai, Rio de Janeiro, Brasil (Octubre 2008)

2. Ibid, 17 y 96 (respectivamente)

3. Bender, H.J.  y Horsch, J. “Menno Simons. Su vida y Escritos” (Herald Press, Scottdale, Pennsylvania 19979) p.85-86

4. Igualmente el texto teológico colocado a continuación por H. J. Bender y J. Horsch titulado “Cristo, Su Deidad y Humanidad” (ver pág. 86-88)

5. Del latín possedere significa “sentarse encima de”.

6. Bender, H.J. op cit 85

7. Citado por J.Y. Leloup en  “Escritos sobre el Hesicasmo…” op cit p.98

8. http://www.tradicionperenne.com/CRISTIANISMO/PADRESIGLESIA/AREOPAGITA/MARCOSDIONISIO.htm

9. ibid

10. Leloup, J.Y. Deus nao existe… op cit 18

11. Bender, H.J. y Horsch, J. op cit, 85

12. Grun, Anselm. Elogio del Silencio (Sal Terrae, Santander 2004)

13. Citado en J.Y. Leloup Escritos sobre el Hesicasmo… op cit, p.108

14. Bender, H.J. y Horsch, J. op cit, p. 86-87

15. Ibib, p. 90-91

16. Leloup, J.Y. Deus nao existe… op cit, p. 29-30. Traducción libre y paréntesis nuestro.

17. Bender, H.J. y Horsch, J. op cit, p. 89