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2009-06-16 issue:

Cruce de Caminos

by Rafael Barahona

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Nuestros hermanos de la Universidad Menonita del Este (EMU) ubicada en Harrisonburg, VA en su publicación oficial “Crossroads” dedicaron su último número de primavera a destacar las bendiciones de una educación en la familia de escuelas menonitas. Para vuestra información, estaremos publicando en español, varios de los artículos contenidos en esa edición. Aquí va el primero.

Las universidades menonitas … la gran diferencia 
       

La mayoría de los estudiantes que asisten actualmente a universidades menonitas no fueron, en su conjunto, criados en familias anabautistas, menonitas o de los Hermanos, ni nada parecido. Fueron a parar a instituciones menonitas por distintos motivos, desde el azar hasta la desesperación.

“Escuché hablar de EMU por primera vez por medio de mi novio, que integraba el equipo de béisbol”, contaba Laura Wheatley, que se cambió de Shenandoah University a Eastern Mennonite University (EMU). 

“Buscaba un lugar donde pudiera crecer espiritualmente y seguir transitando el camino junto a Cristo”, decía Dustin Galyon, ex jugador de básquetbol en Hesston College y EMU, y actual entrenador en Hesston. “Me incorporé a Hesston y me gustó estar en un lugar seguro, que me alentaba, desafiaba e incentivaba a cambiar día a día.”

“Llegué como estudiante ya adulto, casado y con hijos”, recordaba dijo Toby Tyner, quien hoy trabaja en Bethel College (Kansas), donde obtuvo la licenciatura en 2007. “Estaba disconforme con la gran universidad pública donde me había inscripto primero. Allí sólo era uno más. Así que decidí probar suerte en Bethel –me quedaba más cerca de mi casa–, aunque suponía que era una comunidad cerrada donde era necesario tener un apellido menonita y había que ser menonita para encajar.” Le encantó Bethel, y el aprecio fue mutuo. Después de graduarse, Bethel contrató a Tyner como director adjunto de Desarrollo.

Más allá de lo que inicialmente pudiera atraer a los estudiantes a las universidades menonitas, ellos descubren dos cosas: el servicio y la promoción de la paz, presentes en una extraña pero apasionante combinación. Se integran a una comunidad que les alienta a considerar su máxima aspiración, en vez de absorber datos inconexos e información al azar.

Para Alejandra de las Casas Muñoz, ciudadana mexicana, el camino que la acercó a los menonitas comenzó en Canadá hace aproximadamente una década. “Estudiaba en la University of Toronto; mi profesora predilecta hizo referencia a la justicia restauradora y me recomendó un libro intitulado, Changing Lenses por Howard Zehr (profesor de Justicia Restauradora en EMU). Al conversar con ella después de clase me enteré que era menonita. Me sorprendió porque hay menonitas en México, aunque son muy conservadores y viven apartados.

Photo by Jon Styer

“Leí el libro y cambió mi visión de la realidad. Fui a Granada [España] en viaje de estudios;  allí John Paul Lederach estaba en boca de todos, y me enteré que él también era menonita.”

En junio de 2005, Muñoz le envió un e-mail a Howard Zehr, comentándole que estaba tratando de establecer programas de mediación y justicia restauradora en Chihuahua –una región al norte de México– donde dos millones de personas se enfrentan a situaciones de violencia relacionadas al tráfico de drogas y a la trata de personas. Ella contó que Zehr le respondió inmediatamente, e hizo sugerencias tan “amable y humildemente”.

Muñoz le envió asimismo un e-mail a Lederach, graduado de Hesston College y Bethel College. Actualmente, es profesor de Promoción de la Paz Internacional en University of  Notre Dame y enseña en EMU a tiempo parcial. Su atenta respuesta fue escrita en español.     

En 2006 y 2007 Marinetta Hjort, ex alumna de Zehr, visitó varios “lugares peligrosos” de Chihuahua (según Muñoz), para ayudar a capacitar a decenas de personas en los procedimientos de la justicia restauradora.

En la primavera de 2009, Muñoz pasó una semana en EMU para asistir a Seminarios sobre Estrategias para Superar el Trauma y Aumentar la Resiliencia (STAR). “En México la violencia está empeorando”, aclaró. “Existe una apremiante necesidad de superar los traumas. Sueño con regresar a EMU y obtener una maestría.” Este verano se realizará el seminario STAR en Chihuahua, dirigido por Elaine Zook Barge y Vernon Jantzi.

Muñoz dice que siente especial simpatía por los menonitas, por el modo generoso y humilde que brindan ayuda. Por otra parte, Hjort, es pastora bautista pacifista de origen italiano, que obtuvo una maestría en Transformación de Conflictos en EMU, en 2005. A Hjort no le molesta que la asocien con los menonitas. “Los menonitas son una buena marca”, dice en tono de broma.

De ser así, esta “marca” puede tener más demanda fuera de las iglesias menonitas oficiales del presente. Éstas están menguando. Con la tasa de natalidad en baja y una mayor prosperidad –que deriva en la tendencia a abandonar una teología que aboga por los pobres y los que sufren– los menonitas que se dirigen a las universidades, están abandonando las iglesias rurales de sus padres y abuelos. (Los menonitas conservadores que no aprueban la educación superior, siguen teniendo familias numerosas y creciendo numéricamente.)

Algunos expertos en educación piensan que es sólo cuestión de tiempo antes que las universidades menonitas sigan el camino de casi todas las universidades que otrora eran  protestantes, como Brown y Wake Forest (anteriormente bautistas), y renuncien a su identidad cristiana “contracultural”. En la actualidad, las universidades menonitas aún se centran en la siguiente pregunta: “¿Qué desea Jesús que hagamos respecto a esta situación?”

Pero, algunos sociólogos e historiadores señalan que en el futuro las universidades menonitas probablemente se integren a las corrientes culturales prevalecientes y hagan lo que hace la mayoría de las universidades: preparar a los graduados para ser exitosos según los parámetros de la sociedad, sin tener en cuenta si ese éxito refuerza o debilita el ejemplo y las enseñanzas de Jesús.

Lo irónico es que en algunos casos las personas de origen menonita están moderando el compromiso con sus propias instituciones de educación superior. En tanto, una estudiante de origen bautista como Marinetta Hjort está completamente decidida a beber de la fuente menonita. Durante tres años, viajó todos los días cuatro horas de ida y vuelta del área de Washington D.C., a fin de obtener su título en EMU, desechando la oportunidad de obtener un título similar en dos universidades más cercanas: George Mason University (donde hubiera pagado una matrícula inferior por ser residente del estado), y American University, donde se desempeña como pastora.

¿Qué conoce Hjort acerca de la educación al estilo menonita que otros –incluso ex alumnos de décadas anteriores– quizá hayan pasado por alto? Esta revista les brinda algunas respuestas.

Continuará en nuestra próxima edición

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