Reflexión Pastoral 14ª Parte.
¿QUIEN ES ESTE HOMBRE JESUS?
by Samuel MoránPrint Article Email to a Friend
“Una reflexión Cristológica a la luz de Pedro el Apóstol en el Evangelio de Marcos”
Después de tres años de “seguimiento”, Pedro y sus compañeros han llegado a Jerusalén acompañando a Jesús. Ellos saben que Jesús-Cristo va a una muerte segura por lo que se están exponiendo a seguir el mismo destino. (8:31,32; 9:30,31; 10:32-34; 14:8)
De los Doce, es Pedro quien se demuestra determinado a permanecer al lado de Jesús no importando las consecuencias. Por lo que titulamos esta reflexión:
JESUS – CRISTO: ¡ESTOY DISPUESTO A MORIR CONTIGO!
—Todos ustedes me abandonarán —les dijo Jesús—, porque está escrito: “Heriré al pastor, y se dispersarán las ovejas.” Pero después de que yo resucite, iré delante de ustedes a Galilea. —Aunque todos te abandonen, yo no —declaró Pedro. —Te aseguro —le contestó Jesús— que hoy, esta misma noche, antes de que el gallo cante por segunda vez, me negarás tres veces. —Aunque tenga que morir contigo —insistió Pedro con vehemencia—, Jamás te negaré. Y los demás dijeron lo mismo. (NVI. Marcos 14:27-31)
¿Por qué Pedro declara estar dispuesto a morir con Jesús?
Porque sorpresivamente Jesús les anunció a los doce: «Todos ustedes me abandonarán». A lo cual, era lógico que Pedro reaccionara diciendo ¿Cómo? ¿Abandonar a estas alturas a Jesús? ¡Por supuesto que no!
Para Pedro esto era inconcebible por varias razones: Primero, porque a causa de Jesús había renunciado a “todo” (Mr. 10:28) y “todo” en el sentido de “absolutamente todo”. Siendo la razón por la cual había dedicado los últimos tres años de su vida al lado del Maestro, teniendo la oportunidad de aprender de sus palabras y acciones, escuchar sus enseñanzas, apreciar sus milagros, ser testigo de sus tiempos de oración, contemplar su gloria en el monte, escuchar de sus labios la mejor explicación de las Escrituras,… Pero… sobre todo ¡conocerlo! Y conocerlo muy íntimamente, sin tapujos. Completamente transparente. Por lo tanto estaba dispuesto no solo a vivir “con” Jesús sino también a morir “por” él. Segundo, porque había descubierto en Jesús al Cristo. El ungido de Dios (Mr.8:29) y por el Cristo (a su manera) estaba dispuesto a empuñar su espada para pelear al lado del libertador. Aun, si esto implicaba morir en el intento. Tercero, porque amaba a Jesús. En sus tres años de convivencia había aprendido a amar al “Rabí” que le había enseñado “quien” y “como” es Dios. Cuarto, porque formaba parte del círculo íntimo y privilegiado de “Los doce” apóstoles (6:7; 14:17,18). Por lo tanto, su deber era permanecer junto a su Maestro hasta la muerte. Quinto, porque Pedro era un hombre de mucha pasión. Lo cual lo instaba a tomar toda clase de riesgos, no importando si estaba de por medio la muerte. ¿Acaso no era cierto que en su faena de pescador había estado expuesto a la muerte muchas veces? ¿Por qué entonces no exponerse a la muerte al lado de Jesús el Mesías? Sexto, porque Jesús merecía lealtad. Pedro, más que pensar en pelear una “causa” tenía en su corazón ser leal a Jesús. Lealtad que estaba dispuesto a demostrar muriendo por su Maestro. (Cabe mencionar que Pedro demostró lealtad a Jesús hasta el último día de su muerte. La tradición nos indica que murió crucificado de cabeza a causa de su fe en Jesús el Mesías)
En contraste con las razones arriba expuestas, Jesús el Mesías afirma de manera categórica: «Todos ustedes me abandonarán». Sin excepción. “Todos”, incluyendo al intrépido Pedro. De manera que entre los Doce no se perfilaban “campeones”, sino solamente discípulos “vulnerables” que experimentarían una tremenda “sacudida” de su fe en Jesús.
La vulnerabilidad es uno de los rasgos del discipulado que no se puede evitar. Tarde o temprano se experimenta en la vida. Lo cual nos demuestra lo mucho que necesitamos de la ayuda del Señor para permanecer en el proceso del discipulado. Proceso que en ocasiones se torna doloroso, pero que tiene como fin, transformarnos lentamente hasta que lleguemos al día glorioso en el cual se consumará en nosotros la imagen de Cristo.
Por lo tanto, es crucial darnos cuenta que el simple hecho de ser humanos, nos expone inevitablemente a experimentar vulnerabilidad en los eventos cruciales de la vida. Eventos que muchas veces “sacuden” nuestra confianza en el Señor.
Observemos que el término “abandonar” que aparece en el versículo 27, es traducido por otras versiones de la Biblia como “escandalizar, tropezar, perder la confianza, apartarse”. Y particularmente The Amplified Bible lo transcribe como “fall away” lo cual podemos definir como “perder la fe, enfriarse, desprenderse, descender, desmoronarse, disminuir, bajar, dejar sus principios, apartarse o dejarse caer. Por lo que al intentar parafrasear las palabras de Jesús, bien podríamos decir: “Todos ustedes se enfriarán en su confianza en mí”, o “todos ustedes se desprenderán de mí”, y quizás “todos ustedes se van a desmoronar”. ¿Interesante no?
El caso de Pedro y los once es muy particular, porque fueron “zarandeados” la misma noche que fueron testigos presenciales del arresto del Maestro. En nuestro caso no es así. Más sin embargo, encaramos situaciones que sacuden nuestra confianza en el Señor y ponen en tela de juicio los cuidados del Señor hacia nosotros. Como por ejemplo: recibir el diagnóstico de una enfermedad terminal, que se nos informe de la muerte súbita de un miembro de la familia, la pérdida del empleo que nos genera una entrada formidable, que de no tenerla, puede poner en riesgo la pérdida de la casa o los bienes; o el deterioro de la relación conyugal que casi va al borde del divorcio. Es en estas situaciones que muchas veces nos preguntamos, ¿Dónde está el Señor y sus cuidados? ¿Dónde está la ayuda del Señor?
De manera que no sabremos hasta dónde llega nuestra “confianza” en el Señor, hasta que no seamos fuertemente “sacudidos”. Y solamente así, podremos reconocer nuestra vulnerabilidad, que deberá llevarnos a refugiarnos al abrigo del Señor y sus benditas promesas.
En el caso de Pedro, optó por cerrarse a la advertencia de Jesús y con vehemencia respondió: “Aunque tenga que morir contigo, yo no te abandonaré”. Dios nos libre de vernos como “campeones” de la fe. Considerándonos súper cristianos a los cuales las tormentas no los hacen tambalear. Contrario a ello, debemos mantener nuestros ojos puestos en Jesús y descansar en sus benditos cuidados y promesas.
¡Hasta la próxima!
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